Los residuos no biodegradables, la peor amenaza para el medio marino

A consecuencia de nuestra intensa e incesante actividad extractiva y productiva, el deterioro del equilibrio ecológico marino ha aumentado durante las últimas décadas. Tal es así que la comunidad internacional no ha dudado en calificar la situación de catastrófica, sobre todo en lo que se refiere a la contaminación generada en los océanos por el vertido masivo de residuos no biodegradables.

Las cifras de los últimos estudios que se han difundido en relación a este tema son abrumadoras. Cada año terminan en los océanos 13.000.000 de toneladas de plástico, de las cuales 269.000 flotan en la superficie. Según afirman los expertos, gran parte del resto acaban convirtiéndose en microplásticos, que terminan por comerse peces pequeños, de los que más tarde se alimentan otros que nos llevamos al plato.

También sabemos que, de cada diez residuos derivados de productos de plástico presentes en el medio marino, ocho proceden de tierra y tan sólo dos corresponden a restos de redes y otros aparejos utilizados para pescar. Dicha proporción nos lleva a concluir que la intolerable cantidad de plástico presente en los océanos es consecuencia de no haber dejado de producir mercancías de este material, a escala masiva, durante décadas. Según una investigación reciente elaborada por científicos de la Universidad de Santa Bárbara (California) y publicada en la revista “Science Advances”, desde 1950 hasta 2018 hemos producido la friolera de 7.800 millones de toneladas de plástico.

Pensar en la sostenibilidad

Lo expuesto muestra a todas luces la necesidad de aminorar, cuando no detener, el uso de materiales no biodegradables para fabricar, embalar y transportar mercancías. Con esa intención se ha aprobado en Europa la primera directiva destinada a frenar la contaminación causada por los residuos de plástico. Entre sus medidas está la prohibición, para 2021, de la comercialización de bastoncillos para los oídos, cubiertos, pajitas, platos y vasos de este material en todo el viejo continente.

Que la legislación internacional comience a establecer límites al uso de materiales no biodegradables es tan positivo como necesario. Ahora bien, afrontar el reto de preservar los océanos, y el entorno natural en su conjunto, requiere además que las compañías tomen conciencia de encontrarse ante un cambio de paradigma.

Dicho cambio exige que la sostenibilidad sea el criterio fundamental a tener en cuenta para reinventar los procesos industriales y gestionar el ciclo de vida de los productos. Utilizar materiales biodegradables para fabricarlos, embalarlos y transportarlos ha de ser un imperativo para las compañías de todos los sectores, muchas ya decididas a desarrollar modelos de negocio circulares, orientados al uso eficiente de las materias primas y de fuentes de energía renovables, la reducción de residuos y la reutilización y reciclaje de los materiales.

En este sentido, y teniendo en cuenta el constante crecimiento del eCommerce, cuyas ventas en el segmento B2C se prevé llegarán a los 15.000 millones de dólares en 2019 -según el portal de estadísticas Statista-, utilizar embalajes fabricados con materiales biodegradables, reciclables y que optimicen al máximo el espacio en los vehículos de transporte es importante para avanzar hacia un modelo de producción y económico más sostenible. En Correos Express somos conscientes de ello y aportamos nuestro granito de arena para que así sea, reduciendo nuestro consumo de agua, papel, energía y reduciendo la emisión de residuos.

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