¿Eres capaz de vivir sin plástico?

Vivir sin plástico es uno de los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad en el futuro. Este residuo no es biodegradable, por lo que no puede ser asimilado por la naturaleza como otros materiales como la madera, la tela o el papel. Por eso, el reciclado del plástico es esencial para darle un segundo uso, tras su primera vida útil. Si te das una vuelta por casa, por el trabajo o echas un vistazo a tus pertenencias, descubrirás que muchos de los objetos que nos rodean están hechos de plástico, e incluso otros que no lo parecen también, como es el caso de la ropa, bayetas de cocina, etc.

Eliminar por completo el plástico en nuestro día a día se ha convertido en una tarea complicada, pero no imposible. Durante dos siglos, el plástico es el producto por excelencia para todo tipo de envases. Su bajo coste, su facilidad para ser moldeado o impermeable, además de ser un aislante eléctrico, le permiten al plástico ser un material idóneo para las necesidades del mercado. No obstante, el problema viene cuando no todo el plástico se recicla, ya que mucho se “pierde” por el camino y acaba en los océanos contaminando a las especies marinas. 

En este sentido, existen muchas alternativas para sustituir el plástico en nuestro día a día. Lo más fácil de evitar son los envases de plástico en vegetales, frutas y otros alimentos frescos. En muchos supermercados se venden plastificados todo tipos de alimentos, aunque puedes encontrar los mismos productos sin plastificar en otros establecimientos, como en los mercados, lejos de toda contaminación posible. De ahí que si compras a granel y te llevas tus propias bolsas de casa, ayudas a reducir los envases de plástico innecesarios. Las partículas de plástico se quedan en todos los alimentos que tomamos, sobre todo en el agua embotellada que bebemos. Esta polución es perjudicial para la salud y puede derivar en distintas enfermedades. Por ello, puedes utilizar frascos de cristal de distintos tamaños para guardar tanto el agua, como distintos alimentos como la pasta, las legumbres, los cereales o la harina.

Vivir de la noche a la mañana sin plástico es casi imposible. Lo más probable es que te agobies y abandones. El ejercicio para dejar de usar plástico es progresivo: reflexiona sobre todos los plásticos que utilizas y  guarda los residuos que desechas a la semana para ver cuáles se repiten con mayor frecuencia. El primer paso es concienciarse del uso masivo que hacemos del plástico. En el siguiente paso, busca soluciones de reciclaje o alternativas de envases. El cristal, el vidrio, la madera o el metal son grandes opciones para sustituir al plástico. Esto lo podemos traducir en habituarnos al uso de táper de vidrio o de metal, bolsas de tela, cubertería de madera, botellas de acero inoxidable, cepillos de dientes de bambú, pinzas de ropa de madera, cepillos de fibra o jabones sólidos, entre otras muchas soluciones. Con estos pequeños gestos, mejorarás tu salud y, sobre todo, el futuro medioambiental.


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